henares

Historia natural

Las actividades humanas tienen y han tenido su influencia en el medio biótico. Si bien los efectos más patentes son los debidos al exponencial desarrollo de la población humana en los últimos años, no dejan de entreverse las huellas dejadas por los antiguos habitantes de la cuenca del Henares.

“Por historia ecológica se entiende la evolución de los elementos naturales, esencialmente la vegetación, el paisaje, los usos humanos que lo configuran y las razones que han motivado los cambios” [Gómez Sal, A., 2005].

La ciudad hoy conocida como Alcalá de Henares antes de la llegada de los romanos se situaba en los cerros, concretamente en el “cerro del Viso” desde el que se dominaba la campiña y se permitía el fácil acceso a los bosques de quejigos y encinas del páramo. En él se asentaba Iplacea, el castro celtíbero, que por los restos encontrados –ovejas, perros pequeños, ciervos, entre otros-, sugiere una cultura de pastores y cazadores beneficiados por el manejo de los dos sistemas mencionados. Seguramente se aprovechaban del trasiego pautado de caza por el valle, ruta migratoria de diversos animales desde muy antiguo. Muy posiblemente contemporáneo a este asentamiento se conoce otro, a unos cien metros del río, localizado en la vega lo que permite suponer un espacio dedicado al cultivo de cereales desde la edad del bronce [Macarro Rodríguez, J. A., 2002].

Tras la conquista de la Península Ibérica por los romanos, fundan la ciudad defensiva de Complutum en la ladera del Zulema. Estos eran lugares fáciles de defender pero alejados de las tierras más fértiles y del agua por lo que al pacificar los romanos la península, fundan Complutum II. Ésta, más abajo, cerca de las mejores tierras y por tanto del agua del río que les permitía un mayor desarrollo. Concretamente en la fértil tierra aluvial donde desemboca en el Henares el Camarmilla y a una distancia del río prudente para protegerse de las continuas fluctuaciones de la ribera.

En ella, durante la época cristiana, se generó un núcleo de esta religión asociado a la ermita de los Santos Niños –inicialmente campo de tumbas junto a la calzada- donde la tradición recoge que fueron enterrados los niños mártires. Posteriormente, los visigodos emplearían parte de las construcciones romanas para levantar un asentamiento militar. Más tarde, durante la invasión árabe de la península, la ciudad se instaló en la falda del Ecce Homo, como medida defensiva frente a los ataques cristianos. La ciudad es fundada bajo el nombre de Alcalá (Qal´at Abd al-Salam. Alcalá de los Collados). La primera referencia a este asentamiento árabe data del 920 d. C., -aunque posiblemente sea anterior y muy cercano al paso del estrecho de estos pueblos (711 d. C.)-, y perdurará hasta la conquista por las tropas cristianas, al mando del arzobispo de Toledo D. Bernardo, en el año 1118. En un principio coexisten ambos núcleos pero progresivamente la población de Alcalá de los Collados o Alcalá la Vieja se desplaza hacia la ciudad del llano.

La primera feria alcalaína se celebró en 1184 con privilegios de Alfonso VIII. Su importancia para la región radicaba en ser un área donde podían confluir los productos provenientes de las tierras altas de la Alcarria y de las sierras de Guadalajara con los de las vegas y llanuras que discurren hacia el sur. Procedentes de los pastos calcáreos traían fuertes animales para las labores agrícolas y excelentes aperos elaborados por las gentes de las sierras de Ayllón y Somosierra, además de piezas de alfarería elaboradas con la arcilla de los cerros, vino, productos de la huerta, fabricaciones de esparto, etc. Ello propició la instalación de diversas industrias alrededor de estas manufacturas que conjuntamente a las prácticas agro-ganaderas han ido modelando el territorio y por tanto el paisaje de la región.

La construcción de la ermita del Val a mediados del siglo XIV supuso un cambio de tendencia definitivo, la ocupación de la vega frente a los cerros y la prevalencia del culto a la Virgen frente a los antiguos santos hispanovisigodos. Riadas e inundaciones arrasaron la ermita lo que requirió su reconstrucción a los pocos años de su edificación -1350-. Se llevó a cabo por intervención del Arzobispo Pedro Tenorio, quien en el año de 1376 reconstruye la antigua fortaleza/castillo y con él la ermita del Val. Este hecho potenció el enclave frente a las anteriores ermitas dispersas a lo largo de los cerros y consolidó así una firme cultura agrícola con vocación de estabilidad y futuro, organizadora de la vega y las llanuras.

La dureza del clima de la región, en sentido amplio mediterráneo continental con régimen semiárido de precipitaciones y heladas persistentes, motivó el fuerte enraizamiento del culto a la virgen del Val. A quien se le imploraba ante las inclemencias del tiempo para la obtención de copiosas cosechas.

En 1499, el cardenal Cisneros funda la Universidad, y con ello se convierte en uno de los núcleos más importantes de la época. Que más tarde se consolidará con Cervantes en el Siglo de Oro español.

A partir de la fundación de la Universidad de Alcalá, ésta busca el autoabastecimiento instalando de este modo un sistema de grandes fincas que se extendía más allá del término de Alcalá ocupando un amplio espacio económico y geográfico y que se consolida en el siglo XVI. Entre los productos que se obtenían se encontraban cereales o garbanzos; productos de temporada como frutas y hortalizas, todo ello para alimentar a estudiantes y profesores constituyendo una autentica empresa agrícola. Esta vasta red de fincas se situaba, lógicamente, en la zona de vega del Henares, más apropiada para la producción y que todavía hoy se observa en las inmediaciones del río, como las islas y las fincas regables.

Los cambios sociales a lo largo de los siguientes siglos cristalizan con las desamortizaciones del siglo XIX que afectaron especialmente al área de Alcalá, suponiendo un 51% del total correspondiente a la provincia de Madrid. A lo que cabe añadir el envío de la Universidad a Madrid en 1836, lo que supuso, sumado a lo anterior, a una época de declive para la región.

Una perspectiva más actual de la zona pasa por la incorporación de la cuenca del Henares en el marco de la Ordenación Territorial de aquellos municipios que lindan con él, de forma que el devenir histórico-ecológico de la región sea el que mejor provea de calidad de vida para sus ciudadanos.