La huella hidrica

 VÍCTOR MANUEL IRIGOYEN (ACA)

Según señala el último Informe Anual sobre Riesgos Globales, publicado por el Foro Económico Mundial en 2015, la crisis del agua es la mayor preocupación a nivel global, a nivel de impacto. La escala global de los problemas ambientales, como pueden ser el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la disponibilidad de agua dulce, hace necesario un análisis de la problemática al mismo nivel, fomentándose el debate en el marco de Cumbres Globales, y estableciendo herramientas de medición e indicadores que permitan evaluar la tendencia y evolución de estas problemáticas.

Fuente: World Economic Forum

 

En consecuencia, para avanzar hacia un modelo de gestión del agua dulce sostenible a nivel global su análisis y gestión no puede quedar limitado al nivel de cuenca hidrográfica, sino que deben estructurarse herramientas que permitan una perspectiva más amplia. Ya en 1993 el profesor John Anthony Allan, de la Universidad de Londres, a partir de su estudio de la importancia del comercio como estrategia frente al problema de escasez de agua en Oriente Medio y el Norte de África, desarrolló el concepto de agua virtual, que se refiere al volumen de agua dulce utilizada para producir un producto o servicio. Este concepto puso de relieve el agua virtual que se importa y exporta entre países como consecuencia del comercio mundial, de modo que países con problemas de escasez de agua pueden favorecer el agua virtual que importan adquiriendo productos que, de otro modo, consumirían gran cantidad de recursos hídricos propios en caso de producirse a nivel nacional.

 


Huella hídrica y flujos de agua virtual de la industria textil del algodón Fuente: Water Footprint Network

Con un enfoque diferente, más centrado en el consumo de productos y servicios que en el enfoque en producción que ofrece el agua virtual, en el año 2002 el profesor Arjen Hoekstra introdujo el término de huella hídrica, que posteriormente redefinió junto al profesor Ashok Kumar Chapagain, en el marco del instituto UNESCO-IHE. Con el objetivo de avanzar hacia un uso eficiente del agua y el control de su contaminación, la huella hídrica se define como el volumen de agua dulce consumida o contaminada, directa o indirectamente, para la elaboración de productos y servicios consumidos por un individuo, comunidad u organización. Los trabajos de Hoekstra y Chapagain establecen, por tanto, una metodología por la cual se puede realizar el cálculo de la huella hídrica a diferentes escalas, incluyendo procesos, productos, consumidor, grupos de consumidores, provincia, nación, cuenca, productor, administraciones públicas, empresas o, incluso, la humanidad, y puede ser referenciado tanto por unidad de producción o por unidad de tiempo, y debiendo especificarse los componentes de la huella hídrica tanto geográfica como temporalmente.

Con el objetivo de aunar esfuerzos de entidades y profesionales, en el año 2008 se creó la Water Footprint Network (WFN), cuya labor ha conducido a que la huella hídrica se configure como una herramienta fundamental tanto para detectar aquellos consumos de agua con potencial de reducción en la producción de un producto o servicio, un indicador indispensable en los planes de gestión de aguas dulces, además de un concepto de gran valor para la sensibilización social.

De forma más detallada, la huella hídrica se puede dividir en tres tipos; en primer lugar, la huella hídrica azul, que hace referencia al consumo de agua dulce extraída de recursos hídricos superficiales y subterráneos y que no es devuelta, es decir, no retorna a la misma área geográfica ni está disponible para otros usos en el mismo periodo. Por tanto, el agua azul no incluye tan sólo el agua incorporada en el producto, sino también la perdida a causa de la evaporación, de especial importancia en el caso de productos agrícolas.

Otro componente es la huella hídrica verde, que incluye el agua que llega al suelo en forma de precipitación y no se pierde por escorrentía, permitiendo las formaciones de vegetación natural o cultivada, y que termina incorporándose al producto o evaporándose debido a la transpiración de las plantas. Este componente cobra especial importancia, en consecuencia, en productos y procesos que dependen de suelos agrícolas o forestales.

Ciclo del agua, con diferenciación entre agua verde y agua azul

 

Finalmente, el tercer componente es la huella hídrica gris, que se corresponde con el volumen de agua dulce que se requiere para asimilar una carga contaminante, en base a las normas de calidad ambiental del agua. Este factor es, por sí mismo, indicador del grado de contaminación sobre las aguas dulces que implica un proceso.

En efecto, al consistir en un indicador con tres componentes se produce el caso en que dos productos con una huella hídrica muy similar pueden diferir enormemente en sus huellas de agua azul, verde y gris. Por ejemplo, un filete de ternera de 200 gramos tiene una huella hídrica de, aproximadamente, 3.000 litros, de los cuales un 81% es agua verde, 7% agua azul y un 12% agua gris; una camiseta de algodón con una huella hídrica de 2.600 litros, en cambio, tendría un 51% de agua verde, un 33% de agua azul y un 16% de agua gris, dadas las necesidades de riego del cultivo de algodón.

Si bien es un indicador de reciente acuñación,  la huella hídrica ha comenzado a estudiarse con creciente interés por diversas naciones, en especial aquellas con escasez hídrica. En España, el término fue introducido en el año 2005 por Ramón Llamas, catedrático y Director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín. Desde entonces, España ha realizado importantes avances en el estudio de este indicador, habiéndose realizado un cálculo de la huella hídrica española por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino publicado en el año 2011, e incorporando el análisis en los planes hidrológicos de cuenca.

Ya los primeros cálculos de la huella hídrica en España obligan a reflexionar sobre el consumo de agua dulce en España; con un consumo total de 92.668 hm3 en el año 2001 (La Huella Hídrica en España. Esteban Moratilla, et al 2010), a cada español le correspondía un consumo de 2.288m3/año, que para el año 2005 ya habría ascendido a 2.619 m3/persona/año. Como se puede apreciar en la imagen, la media de consumo de agua por persona en el periodo 1996-2005 en España la sitúan en quinta posición, o lo que es lo mismo, la huella hídrica de los españoles sólo es superada por los estadounidenses, griegos, malayos e italianos. Los datos arrojados por estudios más recientes sitúan la demanda de huella hídrica española en 103.487,33hm3 para el año 2008, aumentando en 10.000hm3 los datos de 2001 (Huella hídrica, desarrollo y sostenibilidad en España. Fundación Mapfre, 2011).

 

Ranking de huella hídrica por países en cuanto a miles de m3 por persona y año periodo 1996-2005 Fuente: Material didáctico para la huella hídrica. Fundación Centro de las Nuevas Tecnologías del Agua.

 

Si bien el concepto de huella hídrica ha tenido una gran aceptación y se ha incorporado a nivel administrativo y empresarial durante los últimos años, la flexibilidad del concepto ha ocasionado que se estableciesen diferentes interpretaciones y esquemas para su cálculo. Ante una demanda creciente de unificación de esquemas y de una metodología certificable, en el año 2014 nació el primer estándar ISO 14046 Water footprint principles, requeriments and guidelines, muy ligada a las normativas existentes de análisis del ciclo de vida (ISO 14040 y 14044), y por tanto con un enfoque de partida diferente al de la Water Footprint Network.

La ISO 12046 define la huella hídrica como la métrica que cuantifica los impactos ambientales relacionados con el agua, y su objetivo principal es la identificación de impactos determinados (eutrofización, exotoxidad, etc.), así como las oportunidades de reducirlos, con una metodología aplicable a productos y servicios. Es aplicable, además, a organizaciones, si bien su aplicación a este nivel presenta una mayor complejidad, lo que ha motivado la futura publicación de la norma ISO/TR 14073, que contendrá ejemplos ilustrativos de la norma.

A diferencia de la metodología de la WFN, la norma ISO prescinde de los términos de agua verde, azul y gris, así como de criterios socioeconómicos. En esencia, nos encontramos ante dos metodologías con objetivos y enfoques diferentes, pero complementarias entre sí, y que permitirán conocer con mayor profundidad, y mejorar hacia un modelo más sostenible, el uso que hace el ser humano de su recurso más valioso.